Me separo de las personas, situaciones que me activan mi defecto de carácter; llega un momento en que por voluntad propia o por casualidad me encuentro en ese ambiente, creía que podría derrotarme ante él, veo cómo comienza a manifestarse, no puedo, se desata, entro en conflicto, me voy dando cuanta de que estoy afectado por la impaciencia, mis alarmas saltan, comienzo a frenar mi comportamiento, lo consigo, el conflicto no va a más, queda el remordimiento, lo sufro, me pongo a reparar hoy, lo consigo. Necesito darme tiempo, ir poniéndome en riesgo poco a poco, ir comprobando si me voy liberando; primero situaciones fáciles, con el tiempo algo más difíciles; evitar las que puedan tener grandes consecuencias, como entrar en conflicto con un grupo de amigos, evitarlo hasta que no me vaya encontrando con seguridad. Cuando puedo prepararme para entrar en una situación en la que se me podría disparar la impaciencia me es más fácil; lo que me pone en peligro es cuándo se presenta de imprevisto, mi mente actúa por impulso sobre mis comportamientos naturales, no logro evitarlo, se acaba manifestando, generando conflicto. Siento que voy construyendo una nueva forma de relacionarme conmigo, con los demás, mejor, frágil; necesito trabajarla todos los días, derrotándome ante ella, sin la seguridad de que en cualquier momento aparezca la impaciencia, sin avisar; con la sensación de con qué facilidad recaigo en lo que tanto trabajo me cuesta, lo que me acerca a la buena vida.