Escapar al sufrimiento. Este ha sido uno de mis comportamientos que más daño me ha hecho; por no querer sufrir acabo haciendo más daño, a mí, a los demás. Evitar sufrir me lleva a manifestar la impaciencia, esa actitud que tomo ante el temor a que las cosas no salgan como yo creo que deberían, a que tal persona no se comporte como yo creo que debería, a que no se tome la decisión que yo creo más adecuada. El temor a sufrir hace que me movilice, de forma impulsiva, hacia cualquier lado; pongo las alertas que activan mi comportamiento intransigente ante lo que está sucediendo, de esa manera creo que pongo un obstáculo entre el sufrimiento y yo; el resultado es justo el contrario del que busco, acabo sufriendo más, ya no solo siento que pierdo mi autocontrol, que paso a estar manejado por mis partes oscuras, sino que me siento más alejado de los demás, dejo de sentirme unido, a esa persona, a todos. El temor a sufrir, como forma de activarme, hace que salga esa parte mía que genera conflictos; poder sufrir sin actuar, esa es la actitud de la derrota total, la que hace que me sienta unido a los demás, la que mi sano juicio me dice que es la que más me conviene. Entender a los demás, ellos también quieren, como yo, lo mejor para ellos, para todos; no creerme con la única verdad, mi razón. Derrotarme ante la impaciencia es tener el valor de sufrir; es ese sufrimiento, necesario, el que me acerca a la buena vida.