Hoy he podido liberarme de mi defecto de carácter; estoy con una persona, la veo alterada, surge un asunto que podría generar polémica entre los dos, decido que no es el momento de plantearlo, lo dejo para otra ocasión en que estemos emocionalmente más tranquilos. Solo por hoy me he derrotado ante mi defecto de carácter, ese que me lleva a la soledad, la impaciencia. Hoy estoy con otra persona, la siento nerviosa, es posible que el exceso de café sea la causa, comienzo a sentir la influencia de sus nervios, mi naturaleza intenta que las cosas se produzcan de tal manera, ella no reacciona con normalidad, me altero, me doy cuenta de ello, me derroto ante la impaciencia, no la manifiesto, me desconecto de las cosas que me podrían hacer recaer, dejo que ella vaya manifestándose, poco a poco noto que me voy serenando, comienzo a opinar, ella responde mejor, intento hacer, decir cosas que nos calmen, me doy cuenta de que el estado de nervios de ella se le ha pasado, me siento satisfecho de haberme podido derrotar ante mi defecto de carácter, la impaciencia; aunque llevara yo razón, si llego a mostrar la impaciencia solo habría agravado la situación, es muy posible que hubiera acabado en un pequeño conflicto. Esta nueva actitud mía hace que comience una nueva forma de relacionarme, menos conflictiva; consigue que comience a construir un nuevo hábito, el que me lleva a liberarme de uno de mis defectos de carácter, el que me lleva a la soledad, la impaciencia. Derrotarme ante ella me acerca a la buena vida.