Son mis defectos de carácter los que me permiten crecer, son a través de ellos por los que me llegan mis remordimientos, esos que me hacen sufrir; por ellos me planteo mejorar, dejar de manifestarlos, liberarme de ellos. Sin embargo aunque esto es así, no lo es menos que son mis virtudes las que me ponen esa línea, las que me dicen a partir de donde voy a comenzar a sufrir. Hasta ahora no me he basado en mis virtudes, que las tengo; es como que ya, al tenerlas, solo me queda disfrutar de ellas. Pero no solo mis virtudes me permiten sentirme mejor, conmigo, con los demás, sino que, además, son las que me dicen hasta donde puedo llegar, las que me dan la verdadera medida de mí, esa desde donde comienzo a sufrir. Mis defectos de carácter me hacen daño pero es porque mis virtudes se lo permiten. En el caso de que no tuviera ninguna virtud no sufriría, ya que no sentiría el daño que ocasiono, a mí, a los demás. Es por mis virtudes por lo que veo el daño que hago. Virtudes como el compromiso, la generosidad, la capacidad de amar, iniciativa, creatividad, son algunas de las que podría decir que tengo, sin embargo, hay algo en mí que me dice: las virtudes solo las tengo para disfrutar, no las tengo para revolcarme en ellas ya que necesito evitar a mi ego, ese que al final manipula todo para conseguir sus deseos. Es como si para no despertar a mi ego las mantuviera calladas, anónimas, así, mi ego me permite no sentirme humillado por las cosas que pasan en mi vida, no sentir autocompasión. Acercarme a la buena vida.