El temor a que se cumplan los peores presagios hacia mí, hacia otra persona, hace que manifieste mi impaciencia. El problema es que no sé plantear un asunto que hay que hacer sin caer en la intransigencia, en el enfado, es aquí que por estos comportamientos surge el conflicto. Aceptar que eso es lo que me tengo que trabajar, que aunque mi sano juicio me dice que los beneficios de recaer en la impaciencia pueden ser grandes; el conflicto que genero con mi enfado, mi intransigencia, son peores para mí, quizás no para la otra persona, a la que es posible que yo quiera ayudar. Aprender a manifestar lo que deseo sin impaciencia es mi objetivo. Darme un tiempo a reflexionar, a buscar mi sano juicio, no es imprescindible tomar una postura, decir, hacer algo en ese momento, siempre puedo aplazar mi postura unas horas, un día, eso me permite ver mejor el asunto, aunque crea que en ese momento lo tengo claro, la sensación de impaciencia me hace entrar en conflicto, perjudica a los demás, a mí. Desechar esa sensación de urgencia, de que si no se hace, si no se dice ahora, ya se cumplirán los peores presagios. Muestro mi impaciencia cuando una persona no colabora con los demás en lo que estemos haciendo, en ese momento me es inevitable mostrar una expresión de desagrado, unas palabras de intransigencia, hago sentir, de malas formas, a la otra persona que no estoy conforme con su actitud. Esto me hace, aunque lleve razón, entrar en conflicto; poder esperar a manifestarme de buenas formas me acerca a la buena vida.