Hoy he recaído, cuando comenzaba a pensar que me podría estar liberando de mi defecto de carácter, la impaciencia, se ha presentado una situación a la que no he valorado como de riesgo, poco a poco los argumentos se han ido complicando, uno y otro los hemos mal entendido, poco a poco hemos sentido como lo que decíamos nos iba molestando, nos hemos visto contrariados el uno con el otro, el tono ha ido subiendo, se ha ido complicando; cuando me he dado cuenta de que he recaído ya era tarde, la impaciencia ya se había manifestado, vuelvo a constatar que no me importa si llevaba, o no, razón, lo cierto es que yo he salido mal, la otra persona ha salido mal, no sé si mejor o peor que yo, eso no me interesa, lo que sé es que yo he vuelto a perder, he vuelto a caer de nuevo en el conflicto, no me importan las causas, no me interesan las razones, lo único que me interesa es saber que yo podría haberlo evitado. Mi impaciencia me lleva a decir, hacer cosas de las que luego siento remordimientos; son los impulsos, la reacción inmediata ante cualquier comentario con el que sienta malestar, mi imposibilidad a callarme, a sentir la obligación de contestar en el momento. Son mis impulsos los que me llevan al conflicto; creo que si fuera más calmado, si tranquilizara mis nervios, viendo la relación con la otra persona, no como una competición de argumentos, sino la oportunidad de compartir ese momento, escuchando más que hablando, agradeciendo más que defendiéndome, con humor más que dramatizando, con empatía más que mirando solo mi punto de vista; quizás si lograra más estar en esta postura no habría recaído, hoy.