Forzar a que se produzcan las cosas antes de tiempo; querer hacer El Programa deprisa, pasar de un paso a otro sin haberlos vividos con resultados que impregnen mi vida, mi naturaleza, no un simple maquillado de mi ser. Es cuando busco conocer, más que ser, cuando busco atajos que en el corto tiempo me hacen estar mejor pero que después me llevan a la frustración, esa que siento cuando pienso que El Programa no funciona, que no ha cambiado, en mí, una nueva forma de pensar, de decir, de actuar. La impaciencia me lleva a pensar que estoy haciendo bien El Programa cuando lo que realmente estoy haciendo es querer llegar al Paso Doce, poder experimentar lo que significa terminar El Programa, tener prisa por finalizar en vez de vivir intensamente cada paso sin importarme lo que dure en él, sin importarme el tiempo que tarde en completarlo, aunque eso me lleve toda una vida. La impaciencia es una de mis mayores enemigas al no darme el suficiente tiempo para dejar que El Programa de los Doce Pasos funcione; me lleva a ver resultados en el corto espacio de tiempo que después desaparecen, a pensar que El Programa no funciona, cuando lo real es que no le he dado el suficiente tiempo para que funcione. Cada persona avanza a una velocidad, la mía es lenta, no es perezosa, no es pasota, necesito trabajar este Paso Siete todos los días, sin querer llegar hasta el final, solo por hoy. Derrotarme ante la impaciencia me acerca a la buena vida.