Lo lento que es mi recuperación, cuando creo que ya estoy bien vuelvo a retroceder a estados que creía que se habían quedado atrás, de los que pensaba que me había liberado. Este Paso Siete me enseña la verdadera humildad, esa que me hace ver mis fuerzas, mis debilidades, me enseña que este camino va a ser muy largo, que quizás nunca, en mi vida, lo logre. Este Paso no me pide que desaparezca la impaciencia, que está en mi naturaleza, lo que este Paso me pide es que ponga toda mi buena voluntad en andarlo, que no me desanime, que asista a los grupos para mantener viva la esperanza de que si, solo por hoy, me derroto ante mi defecto de carácter podré liberarme de él, hoy. Es quitando la pesada carga al temor de mañana cuando puedo sentirme mejor, sin angustias a recaer en Ella. Mientras que voy andando este camino, despacio, lo que me ayuda es reparar, lo antes posible, en el mismo día siempre que nuestras emociones se hayan calmado, las mías, las suyas; poder reparar el daño que mi defecto de carácter ha hecho, evitar seguir sufriendo con los remordimientos, innecesariamente. No deja de sorprenderme cómo son mis defectos de carácter con los que, a través de ellos, me hago mejor; no son mis virtudes las que me hacen mejor, con ellas ya cuento, están bien; es mi parte oscura, mi peor parte, la que hace daño, a mí, a los demás, la que me avisa de que algo va mal, que necesito ver qué es, saber a lo que me enfrento, ante lo que me tengo que derrotar, incondicionalmente, cuando es más fuerte que yo. Derrotarme ante la impaciencia me acerca a la buena vida.