Hoy he vuelto a recaer, mi impaciencia ha generado un conflicto. No me valen mis razones, aunque las lleve, lo que me importa es el daño que hago con mi defecto de carácter, a mí, a los demás. No poder esperar a plantear un asunto que sabía conflictivo, anteponer, en ese momento, mis intereses al bienestar, el mío, el de los demás; perder el sano juicio, ese que me hace elegir de entre lo que quiero, lo que me conviene. La impaciencia se ha manifestado, no he sabido derrotarme ante ella, han podido mis deseos, la ambición a tener más, ya no me vale con un cierto nivel de bienestar, quiero más, consigo menos. Después lo veo, podía haber abordado el tema en otro momento, de otra forma, aunque eso supusiera una pérdida, momentánea, por mi parte. El problema de crear ese conflicto ha tenido más repercusiones que del asunto por el que se inició, se manifiestan resentimientos guardados, algunos de hace muchos años, van apareciendo cuando se necesitan, los míos, los de la otra persona, cuando uno se ve acorralado, sin argumentos, entonces salen como forma de conseguir el propósito. Ahora toca, lo antes posible, reparar, no importa quién ha ganado, quién a sufrido más, lo que importa es dejar de sufrir. Mi sano juicio me dice que me derrote ante mi ego, el que se interpone entre la buena vida y yo. Desdramatizar, ver la parte positiva, la que me muestra amor; en el fondo es el temor. Mi sano juicio me dice que deje de sufrir, que aprenda a tener relaciones, menos manipuladoras, más agradecidas, con más humor.