Tener la libertad para no enfadarme, libertad de dosificar los tiempos, esperar cumplir mi fin último sin el aquí, ahora, sin sentirme ofendido. Ante situaciones en las que me puedo enfadar como son por las cosas que no se han hecho como habíamos acordado, poder derrotarme ante la impaciencia es tener presente mi fin último, sentirme cercano a esa persona; al enfadarme con ella pongo un ladrillo en esa muralla que voy construyendo entre ambos. La impaciencia siempre me trae conflicto, de una forma o de otra siempre pierdo, me lleva a la soledad. Poder moderar mis impulsos primarios no me basta, necesito derrotarme ante ella, evitar mi comportamiento intransigente; un poco de impaciencia hace que recaiga una y otra vez. Pero noto que voy conociendo mejor, ahora que lo he desenmascarado, a mi enemigo, me veo pensando actuar de tal manera, me quedo gratamente sorprendido al ver que es la impaciencia la que intenta manifestarse, a la que ahora sí puedo verla, en algunas circunstancias derrotarme ante ella, sufrir sin actuar. Esto me da esperanza, liberarme de ella. Con esta nueva actitud mía, logro sentirme más cerca de la persona que quiero, poder así compartir, ayudar más; aunque eso tenga un precio, mi ego. Mi realidad es que no me vale tener un poco de paciencia, no sé moverme en ese espacio, necesito la derrota total, esa que me acerca a la buena vida.