Sentir remordimientos cuando los motivos por los que he recaido en la impaciencia han salido del corazón; por querer hacer el bien acabo sufriendo, haciendo sufrir a los demás; acabo haciendo el mal al generar un conflicto; contribuyendo a levantar el muro de mi aislamiento. Sentir dolor cuando la razón me acompaña, cuando los motivos por los que manifiesto mi impaciencia son justos. Necesito la ayuda de mi Poder Superior, la Naturaleza, para encontrar mi sano juicio, ese que me dice, de entre lo que quiero, lo que me conviene; poder ver que aunque la justicia, mi razón, me digan que lo que he hecho, he dicho, eran con fines nobles, con buenas intenciones, lo que se ha producido es daño, a mí, a los demás, entonces ya no me sirven razones ni justicias, mi sano juicio debe preferir evitar ese comportamiento intransigente, el que se manifiesta de un impulso no controlado. No me basta con saber que al derrotarme ante la impaciencia puedo generar otro mal, el de que se cumplan los malos presagios por los que manifesté la impaciencia, es decir que no recaer en mi defecto de carácter, evitando generar un conflicto, pudiera ser peor que las consecuencias que se hubieran producido si salta el conflicto. La prioridad de la derrota no está en la razón, ni en la justicia, sino en si yo pierdo, o no, con esa actitud. Lo que he visto en mi Paso Cuarto, es que cuando se manifiesta la impaciencia, sea por los motivos que sean, siempre pierdo. Derrotarme ante la impaciencia me acerca a la buena vida.