Salir a la Naturaleza con la intención de conectar con ella, que me devuelva el sano juicio necesario para poder ver mi camino, el que me lleva a conectar conmigo, con los demás. Comienzo a andar, me dejo sentir por ella, va penetrando en mis sentidos, sus colores, formas, olores, sonidos, silencios, poco a poco voy sintiendo sus efectos, logro sentirme parte de ella, ya no me siento solo, siento que la pertenezco, que siempre formaré parte de ella. La pido que me conceda el sano juicio para tomar el camino de la buena vida, el que me hace estar bien conmigo, con los demás. Voy notando como me vienen pensamientos que me ponen en mi sitio, insignificante, me hace verme como soy, con esos defectos de carácter que me impiden conseguir todo lo que quiero, mis propósitos, ahora lo veo mejor, no puedo perseguir lo que me gustaría, necesito perseguir propósitos que se puedan alcanzar, esos en los que no acabo haciendo el mal por querer hacer el bien. A mi Dios, la Naturaleza, no le pido que me conceda lo que no soy, le pido que me ayude a tener sano juicio, ese que me lleva a aceptar humildemente mi impotencia ante casi todo, a saber que yo solo puedo ayudarme a mí, a las personas cercanas a mí, hacernos la vida lo mejor posible. Aceptar que aunque me gustaría ayudar a muchos lo que conseguiría es justo lo contrario, hacer el mal, mis defectos de carácter me llevarían, tarde o temprano, al conflicto. Tengo que reconocer mi impotencia; hoy no puedo. Ir a la Naturaleza me acerca a la buena vida.