Intuyo mi defecto de carácter, me parece tan enorme que no me atrevo a mirarlo de frente, lo esquivo, siento que me está perjudicando, que me aparta de los demás. No quiero verlo, no quiero sufrir, no es el momento; necesito la ayuda de mi Poder Superior, de mi Dios, la Naturaleza. Yo solo no me atrevo. Lo suelto de momento, pongo mi buena voluntad en vivir mis 24 horas, lo mejor posible, sin hacer daño, a mí, a los demás. No se trata tanto de hacer el bien como de no hacer daño. Soltar, salir a la Naturaleza para que me de sano juicio, aceptar lo que pase como algo normal, cosas buenas y malas. Buscar en este paso no hacer daño, a mí, a los demás, dedicarme a disfrutar de que estoy vivo, vivir mi vida, dejar vivir la de los demás. Necesito que mi Dios, la Naturaleza, me ayude a superar el temor que tengo para afrontar mi defecto de carácter. No sé cómo, no sé cuándo, solo sé que este es el camino, uno que ya he hecho antes, que tarde dos años en acabarlo y eso me permitió avanzar como persona, mejorar en otros defectos que, aunque los sigo teniendo, ya no son como antes, ahora no los manifiesto tanto, han perdido intensidad, ya no aparecen como entonces, aunque de vez en cuando vuelven a salir, cuando quiero ser lo que no soy, cuando quiero que me quieran más de lo que me quieren. Son mis defectos de carácter los que me separan de los demás, es mi Dios, la Naturaleza, el que me acerca a ellos, a la buena vida.