Busco la parte de la fe que hace milagros, la que es capaz de que consiga algo que por mí mismo no soy capaz. La fuerza que utiliza para conseguirlo es el amor. Mi Dios, la Naturaleza, se manifiesta de una forma viva, capaz de amar, de amarme. Que demuestre su amor de otra forma no significa que no sea capaz de amar; lo que necesito es sentirlo. Los animales pueden mostrar su afecto, las plantas también son sensibles a los buenos tratos, al afecto, al amor; estas lo muestran a su manera, ellas son sensibles a mi estado de ánimo. Llevar el amor a toda la Naturaleza, sentir de ella todo su amor es desbordante al ser tanta la cantidad de vida que siento que me quiere. Al igual que en otras religiones cada Dios muestra su voluntad y amor a su manera, también la Naturaleza lo muestra a la suya, a lo grande, sentir que son los buenos sentimientos lo que mueve a todo el planeta, animal, vegetal. Saberme insignificante pero a la vez que formo parte de mi Dios me hace sentir el amor que me evita tener el temor a verme como soy, lo que me llena de paz. Antes de abordar el Paso Cuatro mi Dios me demuestra su infinita generosidad con mis defectos de carácter, los desdramatiza, me pide que sea humilde para aceptar que yo solo no puedo dejar de manifestarlos; una posibilidad a la esperanza de que puedo lograrlo con su ayuda. Sentir que no estoy solo en esto, ir a buscarle, pedirle que me acompañe, dejar que me ame, darle el mio. Sentir la compañía y el amor de mi Dios me acerca a la buena vida.