Abandonar la intransigencia de la ciencia cuando niega que lo que no se manifiesta no existe, abandonar la intransigencia de la religión cuando dicen que ellos son la verdad. Una y otra me ayudan a encontrar la buena vida; sin la ciencia o la razón no tendría este estado de bienestar, sin la espiritualidad o la religión no intentaría ser mejor persona, más feliz. La ciencia, la razón, me dicen lo que se puede demostrar; la espiritualidad, la religión, me animan a aprender los valores morales que hacen que este mundo sea mejor. La ciencia y la razón no se preocupan de las consecuencias finales de lo que hacen, no hay para ellas nada bueno ni malo, solo algo que es útil o no, la espiritualidad y la religión logran que saque mis buenos sentimientos, esos que no están a las órdenes de la razón. Ambas están en un continuo enfrentamiento, ambas están destinadas a completarse. Solo con la razón puedo sacar más veces mi parte mala, infeliz, solo con la religión puedo llegar a ser un ingenuo, una oveja. Cuando las junto logro lo mejor, aunque lleve razón me derroto ante la espiritualidad, ante el amor, desinteresado, bondadoso, caritativo, la parte que hace que saque lo mejor de mí, la que me conecta con los demás. El camino de la espiritualidad es el de lucha, reparar, amar; el camino de la razón es el del sano juicio, ese que me hace elegir de entre lo que quiero lo que me conviene. La ciencia y la espiritualidad se complementan, ambas me ayudan a buscar la buena vida.