La primera parte del Paso Uno me dice que los codependientes somos impotentes ante los demás. Al principio no entendí qué quería decir esto aunque sentí, sin saber porqué, que eso es lo que a mí me pasaba, que no tengo poder sobre los demás, que no puedo controlar sus vidas. Mi necesidad era que los cercanos a mí se comportasen de una manera determinada, que los demás me tratasen como a mí me gustaría, cayendo constantemente en la frustración, en el enfrentamiento, la ira, en el rechazo, el remordimiento, la huida, y al final la soledad. Este paso no me está diciendo que suelte, lo que me está pidiendo es que me derrote completamente ante esta situación. Lo que me dice este paso es que durante mi vida anterior, a llegar a los grupos, una y otra vez caía en una actitud en la que mostraba que para yo estar bien las personas cercanas debían comportarse como a mí me parecía. Lo que me está pidiendo este paso es una humillación incondicional ante el intento de tener el control en la vida de otras personas. Este paso me habla de tocar fondo, de que ya no puedo más, se acabó, no quiero seguir viviendo así. Sin saberlo, en ese momento, estoy haciendo el acto de humildad más grande de mi vida, derrotándome incondicionalmente ante el poder de controlar la vida de otros. Mi derrota está por encima de cualquier otra causa que la pueda justificar; querer tener poder sobre la vida de los demás siempre me ha llevado a la soledad, la derrota en esto es lo único que me puede acercar a la buena vida