Vivir mis 24 horas sin intentar solucionar todos los problemas de mi vida. Derrotarme ante lo que, una y otra vez, me hace daño, vivir mis 24 horas haciendo lo que me hace el bien, intentar pasar el día sin buscar la solución a toda mi vida, solo vivirla, buscar las cosas que me aportan bien. Identificar qué comportamientos, personas, sustancias, situaciones, me hacen daño, intentar evitarlas; derrotarme ante ellas cuando sienta que mis fuerzas no pueden con ellos, que el poder que tiene es superior al mío. Solo por hoy ser consciente de lo que me autodestruye, intentar evitarlo, solo cuando después de muchos intentos, de fracasos constantes, de sentir el dolor de los remordimientos, de ver como sufren las personas cercanas a mí por mis comportamientos, es entonces cuando me planteo la derrota total. Esta actitud me lleva a la liberación pero esas sustancias, situaciones, personas, comportamientos, son muy poderosas, mi ego se resistirá a derrotarse; solo cuando acepte la derrota incondicional es cuando realmente se producirá en mí la liberación. No me vale un poco, no me vale desconfiar un poco, no me vale ir con esta persona un poco, tener este comportamiento un poco, estar en esa situación un poco, las medidas parciales me llevan a que mi ego vuelva a intentar controlar, volver a autodestruirme. La sensación de que cómo no voy a hacer, decir nada, me puede parecer que no estoy haciendo lo que debo pero lo que en la práctica me pasa es que me relaciono mejor conmigo, con los demás, me acerco a la buena vida.