No engañarme, no creerme lo que no soy, saber el daño que me ocasiono a mí y a los demás con lo que digo y hago. La honestidad es lo que considero imprescindible para poder entrar en el terreno de mis libertades. Generalmente está asociada a la parte oscura de mí, cuando aparece suele ser para decirme que hay algo que tengo que reparar; pero la honestidad tiene unos enemigos muy poderosos que no la dejan manifestarse, son mis defectos de carácter, los que obstaculizan el acceso a mi libertad. Mis defectos lograban la victoria a través de la evasión haciéndome escapar de mi mismo cada vez que intenta aparecer mi honestidad, me hacían ser un experto en huir de mí. Si no reconozco lo que soy nunca podré ponerme en acción para mejorar, si cada vez que algo no me gusta de mí me evado nunca podré enfrentarme conmigo para intentar vencer a mi parte oscura, liberarme de ella. Tampoco se trata de que aparezca mi honestidad con una espada, agrediéndome con pensamientos autodestructivos, aunque antes muchas veces tuvo que manifestarse así debido a lo poderoso que son sus enemigos; ahora la siento manifestarse como la parte más tierna de mí, la más amorosa, la que está junto con el amor a mi mismo. Permitir que aparezca mi honestidad me acerca a la buena vida.