Creo que estoy siendo consciente de que a la vez que logro liberarme de la ira, una emoción que aunque llevara razón siempre me hacía daño, me perjudicaba, esa emoción se está transformando de forma sibilina en otra más refinada, más respetable, honesta y educada pero también más arrogante, La Razón. Es con mi Razón con la que soy capaz de decir la verdad a la cara de otra persona, sin ánimo de herirla pero a la vez describiendo sus acciones o manifestaciones, haciendo visible sus defectos de carácter que en ese momento me están afectando mal, no es un defecto cualquiera sobre la persona a la que dirijo la crítica de mí verdad, sino uno que me hace daño a mi y sobre el que se lo hago ver pero a la vez lo pongo en evidencia no solo delante de mí y de él mismo, al sentirse descubierto de un defecto que no quiere verse, sino que también lo podría hacer delante de otras personas presentes en ese momento. No es una crítica descontrolada como antes sino serena y que me salta cuando algo me ha sentado mal o me siento perjudicado en algo. Es a través de mi verdad cuando me creo con derecho a decir a la cara de otra persona cosas de una manera cruda, que la perjudican. Lo fundamental no es si llevo o no razón sino si al decir mi verdad me estoy haciendo daño a mí mismo, esto para mí es lo importante, es de lo que necesito liberarme para tener una buena vida.