Dar a conocer El Programa. “El grupo como tal nunca debe organizarse, pero podemos crear juntas de servicios o comités que sean directamente responsables ante aquellos a quienes sirven”. El grupo funciona de una manera autónoma, nadie tiene derecho a mandar ni obligar a nadie a nada; solo hay sugerencias de cómo podemos organizarnos para cumplir con el fin último, pasar el mensaje de este Programa a la persona que está sufriendo; crear unos comités de servicios para que nos conozcan, que otros también tengan la posibilidad de recuperarse como yo lo he hecho. Aceptar a los demás como son, no intentar cambiarlos, no intentar imponer mis criterios para convivir en armonía. Esta tradición me enseña que puedo actuar como yo quiera pero que sería bueno tener en cuenta la opinión de los demás para ver si me estoy dejando llevar por lo que quiero y no por lo que me conviene. Aunque el grupo no tenga ninguna autoridad sobre mí, yo si debo tener sano juicio para valorar si lo que me sugieren es bueno para los demás, para mí. Aquí aprendo que las discrepancias tienen solución si somos capaces de anteponer nuestros fines últimos, los más importantes, a nuestros fines inmediatos, rebajar nuestro ego. Al igual que lo han hecho conmigo, mostrar unos sentimientos auténticos de ayuda a la persona que está sufriendo, este es el último fin que me mueve para sintonizar con el grupo, sin la necesidad de que nadie me diga lo que tengo que hacer.