Con toda la ternura de la que puedo ser capaz “Sin ningún temor hicimos un inventario moral de nosotros mismos”. Tardé cuatro años en dar este paso, no por pereza, por temor. En este inventario moral de mí no busco culpables, cosas que me han perjudicado por los defectos que tienen los demás, no busco excusas para justificar lo que hice; sólo lo que creo que está mal y bien en mí, las cosas que hasta hace poco era incapaz de aceptar que las tengo, que son parte de mi naturaleza, que me están autodestruyendo. Por fin he superado el temor, ahora veo los defectos de carácter que tanto daño me han hecho; los saco a la luz, sin juzgarme. Nuevamente la buena voluntad me ayuda a ser honesto conmigo. Mi inventario comienza dividiendo mi vida en partes, de 0 a 6 años, de 7 a 13, de 14 a 21, de 22 a 29. Hago una lista de las cosas malas que veo en mí en esas épocas a la vez que en otra columna las hago de las cosas buenas. En ese momento recuerdo haber tenido afecto y compasión hacía mí, no la autocompasión que tanto me perjudica sino como el sentimiento de compasión que puedo tener ante otra persona que sufre. Así voy revisando mi vida. Ahora soy consciente de lo importante que fue en esos días ser honesto, poder identificar bien como me veía en esas etapas de mi vida, las cosas malas, las buenas, ya que lo que escribí entonces me ha acompañado en mi oración todos los días hasta hoy. Lo que hice al dar el cuarto paso fue lo que hoy me permite sentirme más querido, por mí, por los demás, acercarme a la buena vida.