Siempre había creído que las relaciones personales no necesitaban trabajarse, se tenían o no se tenían, pero no sentía la necesidad de dedicarles un esfuerzo para tenerlas; eran como un don natural que favorecía al que lo tenía, con buenas relaciones, y perjudicaba al que no tenía ese don, con aislamiento. Mi problema no es que no tuviera relaciones, es que no me duraban, eran pocas y superficiales. Tener una actitud en que las relaciones vendrán, sin ser yo activo, es algo que me ha llevado a la soledad. Dedicar tiempo, cada día, cada semana, escribir, compartir con otras personas sobre las cosas que me ayudan a tener mejores relaciones hace que sea más consciente, me permite profundizar en lo que me ayuda a tener buenas relaciones con los demás, a tomar mejores decisiones que las favorezcan. Ser consciente de la manera en que me relaciono no es una cuestión puntual, es poner en acción las cosas de las que me doy cuenta para volver a revisarlas, contrastarlas con otras personas que están en mi misma situación. Ser activo para tener buenas relaciones es superar la pereza, que me lleva a conformarme con lo que tengo, aunque lo que tenga no me haga estar en la buena vida. Siento que cuando busco tener buenas relaciones las encuentro, cuando creo que las tengo las pierdo. Podría dedicar mi tiempo para aprender otras cosas, pero creo que las buenas relaciones son las que me acercan más a la buena vida.