En mi infancia tuve problemas de peso, hasta los 13 años me consideraba gordo, aunque eso no me impidió tener amigos, sí fui el objetivo de las bromas de algunos, creo que con el tiempo fui construyendo mi propia defensa, me volví susceptible ante las críticas, ante los comentarios que me ridiculizaban, con el tiempo se fueron extendiendo ante algunos comportamientos que me hacían sentir utilizado o inferior, esta mala defensa fue creciendo hasta un tamaño tan grande que me sentía mal incluso ante comentarios generales que no se dirigían a mí, haciéndome saltar muy fácilmente esa emoción, la susceptibilidad. No era que a veces tuviera motivos reales de ataques, para tomar medidas de defensa, sino la facilidad con que me afectaban los comentarios y comportamientos de los demás, mi susceptibilidad. Al estar de forma constante alerta de los ataques, esa actitud me fue aislando de los demás. Reconocer los motivos reales ante los que tengo que reaccionar, no tomarme tan en serio como para no aceptar cosas de los demás que vayan en mi contra, no saltar como ofendido de forma impulsiva sin dar oportunidad a que mi consciencia decida si es algo ante lo que debo defenderme o es uno de esos comentarios y comportamientos negativos a los que no debo dar mayor importancia; evitar que la susceptibilidad me lleve a la soledad. Derrotarme ante la susceptibilidad me permite tener más y mejores relaciones personales, me acerca a la buena vida.