Qué me paso, cómo llegue a perder el sentido del humor, el trabajo, la familia, demasiada responsabilidad; dirigir a sesenta personas en mi empresa con veinticinco años, un hijo con veintidós, otro con veintiséis años; sentirme responsable de tantas personas me sobrepasó, me ganó la angustia al temor de lo que pudiera pasar, el conflicto con los demás se fue convirtiendo en la norma, una manera de vivir, en conflicto constante conmigo, con los demás, temiendo que las cosas no salieran como yo quería. Me volví una persona seria. He tenido que pasar por varias crisis para darme cuenta de cómo estaba viviendo, se me estaba pasando la vida sin alegría. Ahora sé distinguir entre lo que me acerca a la buena vida y lo que me aleja, las personas me acercan, los temores me alejan. Cuando mantengo una relación con humor me hace sentir más relajado y alegre; me acuerdo y quiero volver a ver a esa persona. El humor me ayuda a mejorar mis relaciones. He notado que cuando sonrío a la otra persona nos sentimos mejor, reconoce mi afecto por ella. No se trata de ser un chistoso, de tener un humor a costa de otros, es mantener una actitud de alegría, buscando la parte positiva de todo. Creo que el solo hecho de deshacerme del temor a lo que pueda pasar logra que mis facciones se relajen, mis gestos se vuelvan más naturales, mis nervios se calmen, esté más receptivo, pueda escuchar mejor. Aprender a tener buen humor me acerca a la buena vida.