He llegado a ver cómo las relaciones con los demás son las que me producen más alegría de vivir, lo que me acerca más a la buena vida, pero no todas las relaciones son buenas para mí. Las hay que me perjudican, tóxicas. Son las que me hacen estar tenso, me producen stress. Identificarlas, apartarme de ellas me ayuda a tener más salud, física y mental. Cuando la persona en cuestión no es cercana, es fácil apartarme, basta con dirigir mi atención hacia las demás. Más difícil es cuando está en mi grupo de amigos o con los que comparto mis tiempos. Pero en el caso de que la persona esté en mi círculo familiar debo ser asertivo, respetando sus momentos, hablar con ella cuando las condiciones sean favorables, sin interrupciones, cuando los dos estemos receptivos, con las emociones tranquilas, en la Naturaleza, andando, poder profundizar en los motivos por los que me siento mal con ella, proponiendo cambios de actitudes, llegar a buenos acuerdos para los dos; avisarnos de alguna manera, amable, cuando notemos que estamos infringiendo el acuerdo. No es tan importante lo que piense uno como el sentimiento de agresión que siente el otro, sea lo que sea lo que lo origina. Solo trabajando mis defectos de carácter podré evitar las relaciones tóxicas, podré aspirar a tener relaciones sanas, acercarme a la buena vida.