Cuanto he sufrido por no saber conectar y desconectar, mantener las distancias y juntarme, todo o nada, conmigo siempre o sin mí. En el fondo creo que era un excesivo temor a perder a las personas que quería, este temor me hacía intentar controlar sus vidas. Llevo un tiempo aprendiendo a dejar un espacio vital a los que están en mis círculos, no meterme en su espacio hasta sentir que es el momento, que la otra persona me da su permiso para entrar en su espacio íntimo vital. Si los dos queremos seguir con nuestra relación, familiar o de amistad, cuanto menos intrusivo sea, cuanto más separado de esa persona, más juntos podemos llegar a estar. Notar la cercanía de alguien a quien quiero a pesar de sentir que cada uno tiene su propia vida y que cuando queremos la compartimos. Esto no quiere decir tener una actitud distante hacia la otra persona sino muy al contrario, estar pendiente de lo que siente y quiere para poder satisfacer sus necesidades. Creo que ese es el motivo por el que el número de personas a las que puedo atender con esta intensidad son pocas ya que necesito un tiempo para conectar con sus sentimientos más profundos. Vivir mi propia vida, no controlar la vida de los demás, compartir momentos, intensos, con mis personas queridas, respetar sus espacios vitales, poder aportar cosas que nos hagan mejores. Creo que aprender a acercarme y alejarme de los demás me acerca a la buena vida.