Es cuando no salen las cosas como yo quiero, cuando no me contestan o hacen lo que quiero, es ahí cuando mis críticas son de las que dejan huella, me siento amenazado, son críticas que van a hacer daño, el miedo a no sé qué me supera, entonces las críticas que hago suelen ser destructivas. Es cuando alguna persona, cercana a mí, me contesta mal o ante un conflicto, por pequeño que sea, no me contesta lo que a mí me parece adecuado y mi estado no está, en ese momento, en sintonía con la buena vida, entonces mi crítica me sale negativa. Es un hábito que nos perjudica. Sé que me tengo que derrotar ante la ira, sobre la que siempre pierdo aunque lleve razón, pero esto no es la ira sino algo cercano a ella, mas subliminal, más desapercibida, críticas que hago sin descomponerme. Son por ellas, ante las que tengo que ser consciente de cuándo las voy a decir, parar y pensar, antes de hacer una crítica. No se trata de aceptar todo, de ser pasivo, se trata de plantear la crítica positiva, se trata de construir, de que aunque yo no esté de acuerdo con algo, pueda manifestarme, aportar lo que pienso, para que nos haga mejores personas. Esto lo logro al sentir todo mi afecto o amor por esa persona, la empatía necesaria que me dice que en el fondo, lo que quiero es llevarme bien contigo, con todos, con todo. Sino puedo decir algo sin herir, mejor esperar, las críticas me hacen mejor pero antes de hacerla debo sentir empatía por esa persona, sé que así me acerco a la buena vida.