Cuando tengo una relación personal en la que quiero que esa persona no haga algo que yo creo que le perjudicará, antes intentaba impedirlo empleando en muchas ocasiones posiciones conflictivas hasta tal punto que lo que lograba era, no solo, que lo acabara haciendo sino alejarme emocionalmente de ella. Estos comportamientos se han ido convirtiendo con el tiempo en hábitos. Ahora soy consciente que para conseguir que esa persona no haga algo, que yo creo que puede hacerla daño, debo utilizar toda mi influencia pero teniendo presente los límites, esas líneas que no debo pasar porque si lo hago lo que ocurre es que me alejo de esa persona, y eso si sucede muchas veces acabo distanciándome tanto que me será muy difícil recuperar esa buena relación y puede verse afectada, en el peor de los casos, para toda mi vida. Es necesario que yo sea consciente de cómo plantear la ayuda, en el momento adecuado, cuando nuestras emociones estén tranquilas, sin interferencias, es necesario que sea descriptivo sobre un problema concreto, asertivo manifestándola cómo me afecta su comportamiento, escuchándola, entendiendo sus motivos con empatía, utilizando todo mis recursos para llegar a acuerdos en los que ambos ganemos o a falta de acuerdos en los que ambos perdamos, pero llegados a este situación debo de tener mi límite, ese que no debo de pasar porque si lo hago me alejo de ella en vez de acercarme, que es la única manera de poder ayudarla, estando cerca de esa persona. Aprender a ayudar a otros me acerca a la buena vida