Estoy con diez personas, queridas, bien, en sintonía, pero con una de ellas en un momento concreto surge un conflicto que me lleva a los remordimientos, esa emoción que tengo cuando me siento culpable, creo que la he hecho daño, da igual si llevo o no razón, me siento mal, me impide estar bien. Darme cuenta de que solo por esa persona me alejo de la buena vida, cuando habría otros nueve motivos para estar bien, el de las otras nueve personas. Tomo conciencia de la importancia de conectar bien con todos, con todo. Estoy con un grupo de personas o con una sola, pasan durante ese tiempo muchas cosas buenas, en un momento suceden varias malas, se rompe la relación; vuelvo a tomar conciencia del peso de lo malo, una cosa mala o muy mala pesa más que cien cosas buenas o muy buenas. Cuando algo malo sucede, que yo provoco, me alejo de la buena vida. En un grupo de siete personas, me llevo bien con seis de ellas, pero hay una que saca lo peor de mí; no puedo evitar que mi atención se centre más en ella que en los demás, vuelvo a tomar conciencia del peso de lo malo, debería de estar bien al conectar con seis pero solo por una persona me alejo de mi bienestar. Tomar conciencia de que para el equilibrio de mis emociones tiene más peso lo malo que lo bueno. Ahora veo que no es lo bueno que yo pueda aportar a mis relaciones, sino lo que pueda evitar de malo lo que me permite tener relaciones sanas y largas. Mi sano juicio me dice que no es tanto hacer cosas buenas por los demás como no hacer daño lo que me acerca a la buena vida.