Me veo en mi pasado tratando a las personas más cercanas de mí, a las que más quiero, las que más afectan a mis emociones, tratándolas de una forma espontánea, sin demasiado cuidado, en las que en muchas ocasiones mis formas están lejos de ser afectivas, en muchas otras son iracundas, sin mostrarme agradecido por las pequeñas atenciones diarias que tienen hacia mí, creyéndome que tengo derechos a decir lo que pienso de cualquier forma, aunque nos hagamos daño. Sin embargo también me veo vistiéndome con la mejor ropa para los demás, los que no están cerca de mí, hablándoles mejor, con toda la buena educación de la que soy capaz, con las mejores palabras, cuidando mi comportamiento para no molestar, evitando entrar en conflictos, intentando no herir sus emociones, no hacerles daño, agradeciéndoles hasta los más pequeños detalles, como que me dejen pasar ante una puerta; manteniendo mis sentidos alerta para no parecer un tío raro. Son los demás, lejanos, los que se llevaban mi mejor parte; ahora eso ya no solo es así, son también a las personas que más cerca están de mí, a las que más quiero tratarlas como si fueran los más lejanos, pero mostrándoles todo el amor que les tengo. Darme cuenta de que cuanto más amor doy me hace mejor persona. El buen amor, ese que no se ocupa tanto de hacer el bien como de no hacer el mal; de no hacer daño, a mí, a los más cercanos, a los lejanos, a todos. Darme cuenta de que son las personas más cercanas, con las que debo de tener mis mejores relaciones, me acerca a la buena vida