Por una situación, a la que no debería darle importancia, noto cómo va aumentando mi desequilibrio, mis emociones se disparan, una fuerza interior me hace sentir mal, no la puedo disimular, la persona que está conmigo se da cuenta, ella no ha sido la causante. De pronto la veo en mí, la reconozco, la ira; comienzo a sentir cómo quiere hacer acto de aparición; me sigo encontrando mal. Logro derrotarme ante ella, aunque eso no suponga dejar de estar mal, cada vez peor. Me mantengo callado, tenso, es lo único que puedo hacer, no empeorar la situación. Me dirijo hacia casa, a mi habitación, me acuesto, no puedo dormir, tomo una tila, sigo sin poder dormir, los pensamientos no me dejan estar tranquilo, decido meditar unos minutos, vuelvo a la cama, me duermo. Al día siguiente me disculpo, con la persona que estaba el día anterior, por mi comportamiento, lo acepta con buen ánimo. Una vez más veo cómo no estoy libre de sentir mis defectos de carácter pero si me siento libre de no manifestarlos. Son una parte de mí que acepto, pero como me han hecho, antes, tanto daño, me siento humilde ante Ella; no me importa si llevo, o no, razón, siempre he perdido ante Ella, me derroto incondicionalmente ante Ella. Con este Paso Siete noto cómo me voy habituando a ser humilde con lo que me propongo, los defectos de carácter que más daño hacen, a mí, a los demás. Es algo que me está llevando mucho tiempo, pero voy viendo los resultados. Derrotarme ante la ira, aunque lleve razón, me acerca a la buena vida.