No puedo creer otra cosa sobre que la voluntad divina, Dios, debe querer lo mejor para todos y para mí; que seamos felices el mayor tiempo posible. No creo que quiera que sufra, no creo que Él se haya inventado los pecados para hacerme sufrir, creo que son más bien un invento de las personas. Creo que su voluntad es que me quiera, que me dé cuenta de cuando aparecen mis comportamientos autodestructivos, esos que para mí son los verdaderos pecados, Él quiere que los evite para no hacerme daño. Quiero pensar que todo lo que digo y hago con la finalidad de ser feliz está en sintonía con la voluntad de mi Poder Superior. Es Él el que me puede ayudar a tener sano juicio, ese juicio que me permite actuar a mí favor, que me hace aportar cosas buenas hacía mí, hacía la gente que está conmigo. Es cuando me aparto de mi Poder Superior cuando voy perdiendo el sano juicio, mis acciones no tienen en cuenta mi bienestar, me producen daño, por eso necesito poner mi voluntad y mi vida al cuidado de mi Poder Superior como yo le concibo. Puedo desear tener dinero fácil pero eso me perjudica al saltarme la ley, puedo desear ser infiel a mi pareja pero eso perjudicaría a los tres, puedo desear pegar un puñetazo a mi cuñado pero eso me aislaría de mi familia. Podría hacer muchas cosas que deseo pero realmente me perjudican. Poner mi voluntad y mi vida al cuidado de mi Poder Superior es poner todo lo que digo y hago al servicio de mi bienestar y al de los demás. Actuando así creo que me acerco más donde se encuentra la buena vida.