Llegar a sentir la soledad más absoluta, rodeado de personas, mi impotencia ante las relaciones con los demás. Sentir que en mi vida hay mucho sufrimiento. He tenido que hacer un acto de humildad para pedir ayuda, reconocer que no sé tener relaciones con los demás. Este es el primer paso de una larga recuperación. El Programa me guía a través de la aceptación para que mis emociones se tranquilicen, me ayuda a superar el temor para conocerme, sin falsedades, sin juzgarme, con la misma ternura, hacia mí, que puedo tener ante otra persona que sufre. El siguiente paso me ayuda a perdonarme pero me pide algo que me llevará toda la vida: poner mi buena voluntad todos los días para mejorar mis defectos. Aprender a relacionarme con todos, con todo, ha sido una promesa que me hizo El Programa; siento que es lo mejor que me puede estar pasando. Ahora veo que el camino ha sido primero pedir ayuda para conocerme, aceptarme, perdonarme, recuperar el amor a mí mismo, aprender a dar, lo que he conseguido para mí, a los demás. No me puedo engañar, mi naturaleza autodestructiva está ahí, pendiente del menor despiste para coger el gobierno de mi vida, hacerme volver a mi estado anterior, como si nada de lo que ha pasado fuera firme, sólido; haciéndome ver lo frágil de mi recuperación; solo trabajando El Programa me puedo sentir no solo seguro sino viviendo una vida con la que no contaba, con los demás, una buena vida.