Los días malos, esos días que son los menos pero que tienen tanto peso que me hacen creer que son los más; en esos días malos no encuentro motivos para seguir viviendo, mis pensamientos negativos me alejan de cualquier afecto. Qué me impedía querer, dejarme querer: la ambición, esa actitud que me lleva a la soledad, pero qué me mueve a la ambición: el temor a que no me quieran, creía que si no tenía dinero, prestigio y poder no me iban a querer por mí mismo, no veía en mí buenos atributos que por sí solos fueran dignos de amor, sentía que solo a través de lo que consiguiera tendría la aprobación de los demás. Durante esos años veía como mis comportamientos eran autodestructivos, lo que pensaba, hacía y decía, me perjudicaba. Todo era artificial, no me sentía auténtico, solo aparentaba para aspirar, no al afecto sino, a la admiración de los demás. Ahora siento que todo esto ha cambiado, busco reconocerme en los demás, sentir la vida que hay en mí, en todo lo que la Naturaleza permite que viva, sentir mi insignificancia, buscar mi identidad actual. Que ciego estaba, ahora veo que el verdadero valor en mi vida es el amor; para eso necesito estar en contacto con la gente, dejar de aislarme, aprender a relacionarme. Mi verdadera salud mental comienza cuando logro compartir mi vida, mis experiencias con los demás.
Solo a través del amor puedo tener una buena salud mental, solo a través de sentirme unido a todos, a todo, puedo estar en armonía con el mundo, llegar a la buena vida.