Saber lo que me conviene, lo que me va a hacer feliz, dejando en un segundo lugar lo que quiero, eso es tener sano juicio. Esto, tan sencillo, es algo que me cuesta lograrlo. Mi naturaleza autodestructiva me lleva a decir y hacer cosas que van en mi contra, que me hacen sufrir. Cuando tomo una postura de mejorar mis relaciones sin imponer mis deseos, cuando quiero mantener una relación con acuerdos y no a través de la obligación, es ahí cuando se manifiesta mi sano juicio. Cuando intento mantener una relación a través de aumentar mi autoestima, de crear en la otra persona un sentimiento de que si no estamos juntos, ella pierde algo de valor, a mí. Esto lo logro sacando lo bueno que hay en mí, en vez de con comportamientos que manifiesten mis defectos de carácter, la desconfianza y los celos, que provocan justo lo contrario de lo que quiero, que me valore. Tener sano juicio para aceptar lo que no puedo cambiar, es decir lo inevitable, valor para cambiar lo que sí puedo, lo negociable, y sabiduría para distinguir en mis relaciones entre lo inevitable y lo negociable. Es decir que si sé que una relación es buena para mí pero no hago cosas que son buenas para mantenerla, cosas que aumenten mi autoestima, mi valor, cosas como tener iniciativa y creatividad en esa relación, sintiéndome como alguien digno de ser amado y sin embargo dejo que se manifieste mi parte oscura, mi cara triste y desconfiada, entonces se cumplirán los peores presagios, viviré una vida infeliz o la perderé.