Son las relaciones más cercanas las que más me enseñan, también las que más daño me hacen. Son en ellas donde debo poner en práctica lo que voy aprendiendo de las relaciones con los demás, es en ellas donde más veces puedo ver los aciertos y los fallos. Desde que soy consciente de la importancia de llegar a acuerdos, de no hacernos daño, mis relaciones han mejorado. Pero qué hago si uno de los dos se salta el límite. En este caso necesito parar y pensar, no dramatizarlo ni actuar por impulsos, hablarlo, salir a la Naturaleza donde nuestras emociones estén tranquilas, escuchar, sentir empatía, ser asertivo al exponer de forma adecuada mis opiniones. No puedo controlar la vida de los demás, mis relaciones tienen que estar basadas en la libertad. Elegir de mutuo acuerdo una manera de vivir juntos, acercar nuestras emociones, ver que son correspondidas, sentirme mejor persona al poder llegar a un acuerdo que me evite hacer daño, a mí, a los demás. En las relaciones es mejor poner límites que nos convengan que no tenerlos y hacer lo que queramos, es ir construyendo la confianza para ir ganando terreno de libertad. Aunque esta forma de relacionarnos, por acuerdos, está más ceca del fracaso, la prefiero a la otra, en la que nos aislamos de los demás, codependemos hasta la enfermedad. Llegar a acuerdos con personas que demuestran que les importo, me acerca a la buena vida.