La educación religiosa de mi familia, del colegio, han conseguido que siempre, hasta en mis peores momentos, me haya sentido acompañado. Aunque en mi época oscura me apartara de mi Dios, tuve la sensación de que Él siempre estaría ahí. Mucho ha cambiado la imagen que tengo de Él; ahora aunque no sigo los dogmas de la iglesia, la religión me hizo ver que la espiritualidad me conviene, me acompaña, me ayuda. Hay cosas que las hago sin ponerlas en duda, las hago porque me sientan bien. La espiritualidad logra que sienta algo más que mi cuerpo y mi mente, logra conectarme con los demás seres vivos, animales, vegetales, con todo lo que hay en el mundo, me hace sentir que formo parte de él, de su energía, de su fuerza, me acerca a los demás, conseguir entre todos que la vida siga, pasar mi energía a los demás, recibir la suya, sentir que todos somos compañeros de este viaje que es la vida. La espiritualidad logra sacar de mí mi mejor parte, la que suma, la que nos une. Como la religión antes, ahora me siento acompañado siempre, por los demás, por todo lo que vive. Si somos cuerpo y alma, el alma tiene que ser la esencia, la esencia tiene que ser eterna, el alma tiene que ser eterna; hasta que llegue ese momento la Naturaleza me ha traído a este mundo, me mantiene en él, se llevará con ella mi cuerpo pero mi alma permanecerá siempre en ella.