He conocido la amistad en su lado divertido, emocionante, en su cara arriesgada, destructiva, sin importar las consecuencias he participado de la amistad hasta la total ruptura y separación. Lo que nos unió nos acabó separando definitivamente. Ahora sé que no tengo ese don para que los amigos vengan a mí, tengo que salir a buscarlos, prestarles mi atención, hacerme mejor, cuidarlos. He podido ser consciente de lo que la amistad significa, su otra cara, la que nos une, la que suma, la que nos hace mejores, la que me pone en mi sitio, la que me pide que permita poner en duda lo que digo, lo que hago, la que me permite mostrarme como soy, sin máscaras. La amistad no me intenta cambiar, me exige que me muestre como soy, me enseña a conocerme, como soy con ellos, cómo me comporto, cómo me relaciono, cómo muestro mis mas sinceros y ocultos sentimientos, me pide discreción con sus secretos, ser uno más. Es en la amistad donde se me pide humildad, no dármelas más de lo que soy, más de lo que puedo. Me pone límites, me pide que yo ponga los míos, me pide respeto, generosidad. Es al compartir actividades, en la Naturaleza, donde mejor me encuentro con ellos. La amistad me pide empatía, que sea asertivo, que sepa escuchar, que tenga sentido del humor, que sea agradecido. Me pide que sea sincero, que tenga paciencia, tolerancia, que me interese por sus vidas, que tenga iniciativa, creatividad. Creo que luchar por tener amigos me hace la vida más alegre, me acerca a la buena vida.