Son las personas las que me producen esta emoción de amor. Es la emoción que perdí más fácil y la más difícil de recuperar, la que me hace trabajar más y la que mejor me recompensa. Hay personas que logran hacerme sentir, no solo un estado de bienestar sino de felicidad, que me trasladan a lo que busco, la buena vida. Cuando me dejo fluir, cuando permito que mi ser conecte con las demás personas, entonces me veo reflejado en ellas, comparto su humanidad, sus energías, sus miradas, sus cuerpos. Son las personas las que provocan en mí las mejores emociones, la alegría, el afecto, la bondad, el amor. Aunque en ocasiones nos hagamos daño, la mayoría de las veces nos hacemos mejores, más felices. Es en compañía de personas a las que quiero cuando me veo más vulnerable a sus emociones, me doy menos importancia, aumenta mi sensación de insignificancia al vaciarme en esas personas. Sé que una parte muy importante para conseguir el amor de los demás, el afecto o que me acepten, depende de mí. Yo soy el protagonista de mi vida, según me trate a mí mismo, me tratarán los demás; sé que para conseguir todo eso debo trabajar mi sano juicio, cada 24 horas, darme un tiempo diario para parar y pensar, ser consciente de si estoy haciendo lo mejor para tener buenas relaciones, esas que me hacen sentir la mejor de las emociones, el amor. Aprender a tener buenas relaciones me acerca a la buena vida