Desde siempre el cansancio me ha perjudicado sin yo ser consciente de ello. Muchos de los peores momentos de mis relaciones han sido cuando me sentía cansado, me empeñaba en seguir comportándome normal, no le prestaba atención a mi estado. Esta inconsciencia hacía que el cansancio marcara mi comportamiento, mi parte buena pasaba a un segundo plano, mi peor parte tomaba el control de la situación, empeoraban mis relaciones en ese momento; la imagen que yo tenía de mí se deterioraba. Cuando me siento cansado mis defectos de carácter se hacen más visibles, todo se me manifiesta de una manera desproporcionada; una de las consecuencias, para intentar paliar los efectos de mi estado en las otras personas, era no poder evitar esconderme debajo de otras identidades, contestar de malas formas ante cualquier contratiempo, era como si la parte buena de mi personalidad se esfumara sin tener yo la energía suficiente para que no me abandonara. Sabía que el cansancio me hacía daño pero inconscientemente mantenía mi comportamiento, seguía actuando con mis relaciones personales como si no lo tuviera, como si fuera algo natural con lo que no se puede hacer nada. He tenido que derrotarme ante él para que me deje de hacer daño, aceptar mi derrota. Si en las relaciones de ese momento no puedo mantenerme en un estado de observador, irme a descansar. Aceptar que el cansancio saca mi parte oscura, derrotarme ante él cuando se presenta me acerca a la buena vida.