No sabía estar solo, no lo aprendí. Estar solo era como que los demás me apartaban de sus vidas; buscaba el contacto con la gente. Con el tiempo se fue agudizando y para evitar estar solo fui recurriendo al alcohol y las drogas que lograban conectarme con los demás, aunque mal; esa manera de relacionarme se volvió en mi contra, enviándome a lugares todavía más solitarios. Tuve que cambiar, comenzar a encontrarme, a conocerme, a aceptarme, a perdonarme, a quererme, rehacer mi vida, la familia, el trabajo, sin embargo no logré superar el sentimiento de soledad. Para no sentirme abandonado intentaba controlar la vida de las personas cercanas a mí, haciendo peores sus vidas y la mía, con más sufrimiento. Para ver el problema tuve que hacer un acto de humildad, pedir ayuda a otras personas que se encontraban en mi misma situación, que trabajaban con un programa de recuperación. El problema era yo. Tuve que perder el miedo a soltar el control, perder el miedo a la soledad. Ha sido desde que comencé a valorar mi vida, querer vivirla, sentir que es lo más importante que tengo. No esperar la aprobación de los demás para sentirme bien, buscar mi parte más auténtica. Ahora busco la soledad para disfrutar de mí, poder conectar con mi parte espiritual; la que me conecta con todos, con todo. Creo que para estar bien con los demás primero lo tengo que estar conmigo, solo si lo logro podré tener buenas relaciones, podré acercarme a la buena vida.