A convivido conmigo sin que haya sido consciente de la autodestrucción que me estaba ocasionando. La manera de cómo hacia las cosas en el trabajo, en mis temas personales, llegaron a no ser normales; las justificaba pensando que de esta manera tenía más trabajo, rendía más, tenía más posibilidades de éxito. He sido consciente de que con el tiempo mis nervios, mis emociones, los dos se han visto afectados por el estrés, los he incorporado a mi forma de hacer, de relacionarme, de ser. Él es uno de los grandes tiranos disfrazado de oro, de todo lo que valoraba como bueno, dinero, poder, éxito, fama. Ha sido él el que me ha llevado al lugar más solitario; lograba anteponer solo mis propios deseos, no tenía en cuenta lo que los demás querían. Mi estrés justificaba la acción, las prisas, el atropello, las trampas, la ira, los conflictos, el egoísmo, el trabajo, mis relaciones, se hacía con el control de mi vida con la falsa promesa de que nos llevaría a una mejor situación para todos. El estrés me hace creer que sin él no podría sacar el trabajo, lo que me proponga; me lleva a un estado de egoísmo en el que lo que opinan los demás no cuenta, solo las cosas que me propongo son las importantes. Esta actitud de estrés ante la vida hizo que mis nervios se vieran afectados, que mis emociones se alterasen con más facilidad. La solución a este problema ha venido con la ayuda de personas que trabajan El Programa, ellas me han hecho ser consciente de esto, después trabajando los pasos he conseguido recuperar el sano juicio, hablando con las personas cercanas para ver, evitar las situaciones que me producen estrés. Espero que mi sano juicio me ayude a saber que mi anterior forma de comportarme nunca desaparecerá, siempre la llevaré conmigo, lo único que puedo hacer por hoy es no comenzar cosas que me originen estrés; aunque en muchas ocasiones eso suponga no hacer lo que deseo, no hacer lo que creo importante hacer. Aceptar con humildad esta limitación mía, me hace evitar hacer sufrir, a mí, a los demás. Una vez más compruebo que por querer hacer el bien acabo haciendo el mal. Ahora en mi oración diaria me pido calmar mis nervios; hacer, decir cosas con calma, tener en cuenta a los demás, demostrarles todo el amor, cariño, afecto del que sea posible. Esta nueva forma de vida, sin estrés, me acerca a la buena vida.