Tomar malas decisiones que afectan a mi familia, padecer sus consecuencias, sufrir con los remordimientos. Son las personas de mi familia las que tienen más poder sobre mí, las que pueden hacerme la vida un cielo o un infierno. Ver como por momentos, por épocas, se vienen abajo, no logran recuperarse, sentirme impotente para conseguir lo que me gustaría que les pasara, aceptar la situación, intentar mejorarla, sin hacer daño, sin abandonar, sentirme unido a mi familiar, mirarle a los ojos, hacérselo saber con mi mirada. El comienzo de lo que me pase lo siento en mí, yo con lo que haga y diga puedo influir en nuestra vida. Vivir mi vida, sentirme como una persona independiente a mis familiares, comprometido con mis sueños, con los suyos, con mis logros, con los suyos. Ayudarles a buscar nuevos retos, a levantarse cuando fracasen, animarlos cuando se desanimen, felicitarles cuando triunfen, sentirme, que me sientan cercano a ellos, desde mi independencia, cuidando con celo mi espacio vital, mis sueños, mis logros. Por el mayor de los motivos ellos necesitan mi empatía, mi asertividad, mi humor, mi atención, mi agradecimiento por estar ahí, por ayudarme a tener una vida feliz. Creo que necesito tener iniciativa y creatividad con ellos, no caer en el aburrimiento, en la complacencia, buscar nuevas actividades que nos hagan mejores, que nos alegren la vida. Ponernos límites, hablar sobre esas lineas que no pasaremos sin dolor. Dedicar mi tiempo a crear un buen ambiente familiar me acerca a la buena vida