Uno de los defectos que me impiden relacionarme bien con los demás es la ira; cuando aparece siempre pierdo la razón, aunque la tenga. Los motivos de que aparezca la ira tienen mucho que ver con mi ego y la falta de aceptación, que no se haga lo que yo quiero, que no me traten como yo quiero, que no salgan las cosas como yo quiero; todo esto lo complicaba con los tiempos, que pasara aquí y ahora. Han pasado muchos años desde que fui consciente de que la ira me perjudicaba, aunque llevara razón, desde entonces todos los días me digo mi propia oración. Sé que he mejorado, ahora aparece menos veces y no lo hace con tanta intensidad. Durante estos años noto que he tenido otra mejora, los tiempos; poder afrontar el problema que afecta a mi ira en el momento adecuado, no cuando surge el conflicto sino cuando mis emociones y las de la persona en cuestión están tranquilas, receptivos, es en ese momento cuando puedo abordar el problema para que se aclare, intentar poner de nuestra parte para mejorar nuestra relación, más basada en los afectos que en los enfrentamientos. Solo en el caso de una persona que esté en mi círculo más íntimo y sea ya una relación destructiva, tendré que aislarme de ella, una gran pérdida, ya que esas son las personas que me enseñan el camino de la verdadera humildad, la que me hace ver mis limitaciones. Cuando el problema no se soluciona y la persona está en un círculo mayor, lo mejor es alejarme. Saber derrotarme ante la ira me acerca a la buena vida