Sabia que para poder tener relaciones personales hay que dedicarle unos tiempos; mi excusa era que no disponía de esos tiempos, me sumergí solo en las relaciones familiares, poco a poco fui perdiendo la habilidad de tener amigos, me fui aislando hasta sentirme un completo inepto para tener una amistad. Durante esos largos años yo daba mi tiempo a mi familia pero también lo reclamaba por su parte, era un aislamiento familiar. Llegué a creer que no tenía amigos porque yo no los buscaba, que si le dedicaba el tiempo suficiente podría tener relaciones personales, pero cuando lo intenté solo conseguí relaciones tóxicas, perjudicándonos mutuamente. Ahora veo que para mantener relaciones cercanas con otras personas, que nos aportemos más alegría de vivir, necesito aprender, comenzar desde el principio, dedicarles mi atención. Es el tiempo lo que creo más importante, saber distribuirlo bien, no hacia muchas personas, ni a muy pocas. Creo que saber priorizar es la clave, tener claro qué personas son a las que quiero dedicar mi mayor atención, llegar a un acuerdo, de tiempos, por ambas partes, poner mi buena voluntad en que sea una relación que perdure. Sé que necesito ver a las personas con las que quiero relacionarme periódicamente, mantenerme en contacto con sus sentimientos, con su vida, compartir momentos en actividades que nos diviertan. Priorizar y dedicar tiempos a mi familia y mis amigos me acerca a la buena vida.