Llegar derrotado. “Admitimos que éramos impotentes ante los demás y que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables” Sentir que estoy viviendo una vida que no quiero, que me produce sufrimiento, que hago sufrir a los que más quiero. No ver salida, ninguna solución. Llegar derrotado a un lugar donde un grupo de personas me dicen que ellos también han pasado por algo parecido, que hay una solución si yo quiero, sentir esperanza, sentir la humildad para reconocer mi impotencia ante el trato con los demás, con las relaciones. Ver que mi vida había sido una manipulación de las personas que más quería, ver como para yo estar bien, ellas debían hacer y decir lo que yo quería, debían tratarme como yo quería. Darme cuenta del miedo que tenía al abandono, a que las cosas no salieran como yo quería. Sentir que el problema era mío, que yo era el que tenía que cambiar. Pero cómo iba a superar el miedo a soltar. Sentir el vértigo, saltar al vacío sin saber lo que hay en el fondo ha sido la mayor liberación que he tenido, la que me ha hecho entrar en una nueva vida, en la buena vida. Todavía ahora recuerdo ese momento de saltar al vacío, superar el temor al abandono. Darme cuenta de que para que no me rechacen tengo que sacar mi mejor parte, la que suma, la que ama, construye, ayuda, comparte. Vivir mi vida, dejar vivir la de los demás, compartirla, amar. No ese trata tanto de hacer cosas buenas por los demás como de no hacer daño. Este paso me lleva a la buena vida