Una situación inesperada, algo malo pasa que me incita a actuar, entonces mi mente me pide que lo haga con rapidez; siento que de mi decisión dependen otras personas. Cuando le sucede algo malo a alguien del que me siento responsable, mi estado emocional se desequilibra, en ese momento pienso deprisa, mal; actúo y digo cosas de forma impulsiva, muestro mis emociones distorsionadas, confusas, aparece visible mi parte oscura. Ante el contratiempo veo como no controlo mis nervios, contesto de malas formas, miro mal a las personas que están a mi alrededor; ellas se sienten atacadas, violentas. No es cómo me gustaría actuar en esos casos, es cómo actúo. No debo ponerme en riesgo más de lo necesario. No se trata de no asumir responsabilidades, se trata de buscar el límite en el que intente evitar problemas. Buscar mi sano juicio es lo que más me ayuda a no autodestruirme, a no tomar esas decisiones que me llevan a que este tipo de situaciones tengan más posibilidades de producirse, las que me hacen sentir culpable de lo que le pase a alguien que está conmigo, en esas situaciones pierdo el control de mí mismo. Conocerme, saber cuál es mi límite, derrotarme ante las decisiones engañosas, esas que por querer hacer el bien acabo haciendo el mal; no se trata de lo que quiero sino de lo que me conviene. No dejarme llevar por la ambición de querer más, aceptar mis limitaciones me acerca a la buena vida.