En un momento de mi vida toqué fondo, busqué ayuda, llegue a una sala donde un grupo de personas me dan la bienvenida, me demuestran su afecto, desinteresado, me cuentan cómo ellos se recuperan, sus intimidades, me hablan de un Programa que les ayuda a conocerse, a perdonase, a quererse, me quedo impresionado, siento que es mi sitio. Me dicen que este Programa es egoísta, que necesito primero recomponerme yo antes de comenzar a arreglar la vida de las personas que están conmigo; solo si yo estoy bien puedo ayudar, solo si yo tengo una buena relación conmigo, sin conflictos, puedo tener una buena relación con los demás, solo si yo me quiero puedo querer. Comienzo a asistir a las reuniones, a practicar El Programa, me voy encontrando mejor. Los días malos comienzan a distanciarse, van perdiendo la fuerza existencial que tenían antes. Comienzo a tener más tolerancia hacía mí, aceptarme como soy, con mis defectos, con mi físico, mis virtudes, comienzo a estar más a gusto conmigo primero, con los más cercanos después, con mi familia, con los amigos, con todos. Ahora puedo ver, cuando creo que estoy bien me vienen días malos que me hacen ser consciente de lo frágil que es la buena vida, de lo fácil que es alejarme de ella, solo cuando estoy buscándola puedo sentir que me acerco a ella; es algo mágico cuando creo que la he encontrado la pierdo, cuando la busco la encuentro.