Aprendí que para sentirse muy bien había que conseguir el éxito económico, con él era fácil el éxito social. Perseguir esto me llevó al aislamiento, a los enfrentamientos, a un estado constante de angustia producida por el temor a fracasar. Todo lo quería tener controlado. Tuve que caer en una crisis para darme cuenta de que era un camino equivocado. Me he apartado de las ambiciones materiales que me hacían vivir una vida artificial. El camino que me ha ayudado a sentirme mejor conmigo, con los demás, es la derrota ante mis defectos de carácter, esos que me trabajé durante 15 años en el paso siete, derrotarme ante ellos cuando se presentan, sin importarme si llevo o no razón me permite tener una buena relación conmigo, con los más cercanos, con los demás. Derrotarme ante mis defectos de carácter es necesario para no estar disculpándome constantemente. Siento que tengo lo más preciado que puedo dar, a mí, a los demás, amor. Mis defectos de carácter están ahí, me hacen sentirlos, a veces se me cuelan, son en esas ocasiones cuando debo reparar lo antes posible, no dejar que pase el día sin hacerlo. Reparar y amar me permite tener una buena relación con todas las personas de mis círculos próximos, amarles. Vivir mis 24 horas dando prioridad a mi relación con las personas que más quiero, derrotarme ante mis defectos, si se me cuelan, reparar en el mejor momento, de la mejor forma, en ese mismo día. Esto me permite acercarme a la buena vida.