Darme cuenta de que las decisiones que tomo a lo largo del día son, la mayoría, inconscientes. Me dejo llevar por el impulso, la intuición; con ideas vagas, sin suficiente información o con una información sesgada, puedo tomar muchas pequeñas decisiones que tienen un gran efecto en mi vida, mi pereza mental antes de tomar esa decisión hace que muchas de las que tomo tengan malas consecuencias, que sean decisiones mal tomadas; la crítica destructiva a un familiar, la discusión por llevar razón sobre algo con un amigo, decisiones pequeñas sobre lo qué hacer y decir, que van marcándome una forma de relacionarme; sin ser consciente de ellas me hacen daño, me siento mal y no sé porqué. Tomarme el día con más calma, no tomar decisiones ni tener comportamientos, no hacer o decir cosas que puedan hacer daño, a mí, a los demás. Ser consciente es revisar esas formas mías de comportarme, observar mi naturaleza, conocerme, saber qué hago, cómo lo hago, qué consecuencias tiene, qué debo mejorar. Ser consciente me ayuda a relacionarme mejor, no solamente porque en el momento sea capaz de parar y pensar, sino porque voy creando hábitos que me hacen mejor persona. No se trata de ser pasivo sino de hacerlo mejor. Para tener sano juicio, para conocer lo que me hace daño en mis relaciones me ayuda compartir mis experiencias con otras personas que estén dispuestas, y escribir. Ser consciente me ayuda a tener buenas relaciones, me acerca a la buena vida.